La Coctelera

Categoría: Cine

Curioseando en un blog de cine divino que he encontrado http://verdoux.wordpress.com , llamado así en recuerdo del Monsieur Verdoux de Charlie, he visto esta cara...

... que me ha resultado conocida (bueno, conocidas he visto varias, pero esta me "ha llamado" especialmente). ¿Te suena? ¿Sabes donde la has visto antes?

Te refresco la memoria



Ahora sabes ¿verdad?

Sí, es ella, Jodhi May. 17 añitos tenía cuando fue Alice en The Last of the Mohicans, y 16 años después...

Escena final de la película: memorable localización, banda sonora, atractivas Jodhi May, Madeleine Stowe y Daniel Day-Lewis, y Chingachgook vengando a Uncas, en una muestra de velocidad, agilidad, astucia y determinación. (No des a "play" si no la has visto)

Con todo, la novela de Cooper, una de mis favoritas, me resulta muy superior al film. Así que ya sabes...

Sus palabras eran escuchadas con la misma antención y respeto que las pronunciadas por su viejo y experimentado padre; lejos de mostrar impaciencia alguna, siempre dejaban pasar unos momentos en silencio antes de replicar, mientras reflexionaban sobre lo que acababa de decirse.

Pese a mi escepticismo en esto de los premios en general, y los Principe de Asturias en particular, por tratarse de quien se trata hago referencia a esta noticia, extraída de elpais.com:

Cincuenta años recorriendo los parajes más diversos y a menudo salvajes del planeta para llevar a nuestras casas la maravilla y diversidad de la vida, su belleza y misterio pero también su dramatismo. La trayectoria del famoso naturalista, divulgador científico y presentador de documentales británico de 83 años David Attenborough, que ayer fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en la categoría de ciencias sociales, está llena de momentos inolvidables que ha compartido gracias a la magia de la televisión con millones de espectadores. Estirado en un campo observando plácidamente hormigas que acunan orugas, enfrentado al vómito colosal de los volcanes o espantado al presenciar cómo un grupo de chimpancés caza monos en la jungla, Attenborough ha sido testigo durante medio siglo de las escenas más líricas, trágicas y épicas que es capaz de ofrecer la naturaleza. Galardonado "por sus grandes aportaciones a la defensa de la vida y a la conservación del planeta", como dice el fallo del jurado, el naturalista manifestó ayer que se siente muy honrado con el premio y que lo considera "un reconocimiento inspirador". El jurado destacó los amplios conocimientos de Attenborough en ciencias de la naturaleza, antropología social, ecología, etología y geografía "que le han permitido abordar el estudio de la Tierra y de los seres vivos con una creativa e innovadora combinación de saberes". Valoró también "su interés por los problemas de nuestro tiempo, su permanente búsqueda de la excelencia y su calidad investigadora", que le han dado una gran proyección social especialmente en la televisión.

Dotado de una voz fascinantemente gutural y una gestualidad digna del mejor teatro shakespeariano, ameno y circunspecto (la sobriedad de su atuendo es proverbial: en su baqueteada maleta coloca siempre las mismas camisas azul claro y pantalones beige -bajo los imprescindibles prismáticos-), Attenbourough, aunque vive verdaderas aventuras, está lejos en su actitud del gamberro exhibicionismo del otro gran icono televisivo de la divulgación de la naturaleza, el finado Steve Irwin, el cazador de cocodrilos.

De personalidad entusiasta y simpática, el naturalista británico es, todos los que lo conocen lo destacan, ajeno a la vanidad. David Attenborough, que es hermano del actor y director de cine Richard Attenborough, se interesó desde niño por la naturaleza y coleccionó fósiles, minerales y especímenes. Deplora que los niños no puedan hoy iniciarse de la misma manera. Entró en el mundo de la televisión (la BBC) casi en los inicios de ésta, y su primer éxito fue combinando las filmaciones con la obtención de animales para el zoo de Londres. Parte de esas vivencias las explicó en su inolvidable libro Un dragón para el zoo (Juventud, 1963) en el que narra sus peripecias en Indonesia en pos de bichos exóticos, entre ellos un varano de Komodo (que no pudo llevarse).

Pese al entusiasmo que siente y transmite al sumergirse en la naturaleza, Attenborough advierte: "No debemos sentimentalizarla, ni distorsionar la realidad, que incluye a los colibríes pero también a los parásitos capaces de dejar ciego a un niño".

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Y es que este hombre ha influido en mi amor a la naturaleza. Aunque soy más bien autodidacta y lo poco que sé lo he aprendido de libros y mediante observación directa, y últimamente con Internet también, Attenborough es quizá la persona que más me han influido en este campo. Desde niño hasta ahora, he ido viendo sus documentales en La 2, y leído alguno de sus libros.

Le han acusado en algunas ocasiones de poca determinación, decían, a la hora de defender la naturaleza de manera más evidente. En fin, no es ese su estilo. No obstante, a continuación tienes algunas de sus declaraciones:

«La cuestión es si somos felices suponiendo que nuestros nietos no verán nunca un elefante excepto en los libros. Pero la única forma de salvarlo es salvando el medio en el que vive, porque hay una dependencia mutua entre él y millones de otras especies de plantas y animales. Y es en el rango de la biodiversidad en el que debemos actuar, no sólo en una o dos especies estrella».

«Me parece que el mundo natural es la mayor y mejor fuente de emociones; la mayor y mejor fuente de belleza visual; la mayor y mejor fuente de interés intelectual. Es la mayor y mejor fuente de tantas cosas en la vida que hace que vivir merezca la pena. La gente debe sentir que el mundo natural es importante, que el mundo natural es valioso, que el mundo natural es bello y maravilloso, y que es fascinante y que es un placer».

«No es sólo una cuestión de que seamos dependientes del mundo natural por la comida y el aire que respiramos, que es, por supuesto, el caso, y que la riqueza del mundo natural continúe ofreciéndonos todo tipo de asistencia. Es una cuestión moral sobre si tenemos el derecho de exterminar especies y dejar a nuestros nietos un mundo mucho más pobre que el que heredamos, simplemente por descuido y codicia».

«Hay muchas cosas que el individuo puede hacer. Estamos envenenando la atmósfera y cuanto menos humo emitamos, mejor. Sin embargo, estamos utilizando todos nuestros combustibles fósiles. Se pueden hacer cosas a muchos niveles: utilizando menos electricidad y siendo más modestos con lo que le exigimos al medio ambiente. Es tan importante como votar al político adecuado, a quien crees que está apoyando estos ideales. Se trata de sentir aprecio por los bosques o los arroyos. Es algo que afecta a todos».

«He sido muy afortunado porque mi profesión me ha llevado a todos los rincones del mundo donde he tenido la oportunidad de ver de primera mano algunos de los ejemplos más raros y más espectaculares de vida salvaje en la Tierra. Pero la suerte de las criaturas que comparten nuestro planeta depende enteramente de los seres humanos. Está en nuestras manos el protegerlos o verlos desaparecer. Elijamos la primera opción».

Sus maneras son muy sutiles. No hay mejor forma de convencer al mundo de lo vital de conservar la vida de la Tierra que mostrándola tal cual es. Para amarla hay que conocerla. Lo obvio no es necesario decirlo.

Con su sencillez, simpatía, maneras de hablar y gesticular, honestidad y grandes conocimientos ha sabido ganarse a mucha gente en favor del planeta. Le doy gracias por ello. Me cae realmente bien. Pero los años no perdonan (nació en mayo de 1926), es un lástima, pero así es la vida. Si quieres saber más de su vida, hay un documental...

David Attenborough: 50 años de vida en directo (Life on air: David Attenborough's 50 years in TV)

AÑO: 2002

Nacionalidad: Reino Unido

Productora: BBC Worldwide

Director: Brian Leith

Guinista: Brian Leith

Duración: 00:50:00

Sir David Attenborough, uno de los personajes más respetados y famosos del Reino Unido, es uno de los científicos naturalistas más conocidos del mundo debido a la gran cantidad de programas de televisión que ha realizado. Muchos le consideran uno de los pioneros en el mundo de los documentales de naturaleza ya que ha escrito y presentado multitud de programas que permiten a los profanos conocer muchos secretos de la vida natural en el planeta tierra. David comenzó a trabajar como reportero para la BBC en 1952 y durante los últimos 50 años ha visto cómo la cadena ha alcanzado una impecable reputación en diferentes géneros, incluyendo, por supuesto, el género al que él se ha dedicado, la historia natural. Gracias a material de archivo recordaremos algunos de los momentos más inolvidables, revelando detalles de su extraordinaria carrera.

Dinamarca/Suecia/Noruega/Reino Unido. Año 2004. 91 minutos. Dirección: Anders Rønnow Klarlund. Guión: Naja Marie Aidt; Anders Rønnow Klarlund. Intérpretes: marionetas. Música: Jørgen Lauritsen. MÁS...

Una película interpretada por marionetas, cuya historia transcurre en el mundo de las marionetas.

Nunca pensé que unos "objetos de madera" pudieran transmitir tantas emociones. Cobran vida.

De estética cuidadísima, y amiga de los símbolos.

Las cuerdas son el amor, que los mueve y capacita. Con la guerra las cuerdas se queman, el amor se destruye.

 

Festival Internacional de Teatro de Títeres, Titirimundi, del 8 al 13 de mayo

Ya van 23 ediciones, desde la primavera de 1986.

Titirimundi de Cine:

 

  • Strings se proyectará nuevamente el 14/05/2009 en el Salón de Actos de la Escuela de Magisterio, UVa, en Segovia, a las 20:30 h.
Otras proyecciones de Titirimundi:
  • 11 de mayo a las 20:00 h. Cómo se hizo Strings y cine fórum: El 'making of' de la película Strings seguido de cine-fórum con profesionales de la animación con muñecos. 
  • 12 de mayo a las 20:30 h. Hermanos Oligor. Por Joan López Lloret. España; 2007; 85 minutos. 
  • 13 de mayo a las 20:30 h. Team America, la policía del mundo. Por Trey Parker. USA; 2004; 98 minutos.
Todas ellas en el Salón de Actos de la Escuela de Magisterio, UVa, en Segovia. Entrada libre hasta completar aforo.

 

MÁS sobre Titirimundi 09

 

'Déjame entrar' es mucho más que otra película de vampiros.

Llega a España el filme sueco, una de las sorpresas de la temporada. Artículo de Gregorio Belinchón

 

El niño deambula solo en el patio del bloque donde vive. Invierno sueco. Noche deprimente. Suburbios de Estocolmo. Se oyen sus pisadas en la nieve, su respiración preocupada. En el colegio le pegan. A su lado, su nueva vecina, una niña de su edad que no va a la escuela, que no tiene la sangre caliente, que jamás se deja ver de día. Pero que le acompaña en sus miedos. Es la pareja de Déjame entrar, cruce entre Drácula y la gelidez bergmaniana; filme que Harry Knowles, el gurú de la web Ain't it cool news, califica como el mejor de 2008; película que ha ganado en una treintena de festivales, incluido el Méliès de Oro a la mejor película europea fantástica del año, que recibió en Sitges. Su realizador, Tomas Alfredson (Lidingö, 1965), no tenía mucho interés -más bien ninguno- en el cine de vampiros. Sí en el acoso escolar, el temido bullying, porque lo había sufrido de crío. Y, por supuesto, sabe de frío. "Nuestro clima ayuda a que convivamos con vampiros", asegura y estalla en carcajadas. "No sienten la temperatura, y la oscuridad en la que vivimos la mayor parte del año hace ideal Escandinavia como destino vampírico".

Pero Déjame entrar no es sólo sangre: también habla del miedo o del despertar erótico al inicio de la adolescencia. "No soy muy estricto a la hora de escoger temas para mis películas. Según me atraigan. Eso sí, huyo de la posibilidad de convertirme en un director de género". Y esa intención beneficia al filme. "El proyecto me llegó cuando un buen amigo me dio el libro original. No me interesa ese tipo de literatura y estuvo un tiempo en mi mesilla de noche. Pero la recomendación venía de alguien de fiar y descubrí una muestra original de realismo social, con una pátina de fantasía. Sentía muy cercano el paisaje, esos arrabales de Estocolmo de 1982. En aquella época yo era un poco mayor que los niños, pero entiendo sus vidas, sus problemas y recuerdo perfectamente el ambiente. A mí me pegaron en el colegio". ¿Por eso se quedó con la parte de la novela que habla del acoso escolar y se deshizo de todo referente a la pedofilia? "La pedofilia se usa en televisión y en el cine con mucha ligereza, como un ingrediente para dar miedo. Y me parece muy irresponsable convertirla en un efecto emocional más. Supe muy pronto que si lo incluía, la pedofilia ensombrecería el resto del guión. Y entonces debería dar al público una visión distinta a la chabacana habitual. El tema me lastraba demasiado. Volviendo al acoso, me acercó a los personajes recordar el miedo que pasaba entonces. El recuerdo me asustó más que lo que sentí aquellos años".

Por si fuera poco, Déjame entrar radiografía el mito del Estado de bienestar habitado por unos personajes muy cercanos al pesimismo del finés Aki Kaurismäki. "Creamos una situación falsamente idílica. En la que parecía que podíamos hacer de todo. Era, insisto, falso. He mezclado ese ambiente con los vampiros, pero siempre sin abandonar el realismo. Me gusta cómo lo hizo Lucas en La guerra de las galaxias: en un mundo de ficción, hay unos límites muy claros. No puedes viajar en otra cosa que no sea una nave espacial. No hay superpoderes, emana verosimilitud. Luché porque mis espectadores sintieran lo mismo con mis vampiros".

 

¿Y por qué han vuelto los vampiros a la literatura y el cine? "Porque ilustran nuestra parte animal, y tenemos hoy en día una vida demasiado cerebral, encerrados en Internet o delante de la televisión, sin salir al exterior. El género del vampirismo recupera el contacto con nuestros instintos primarios". Que no son los que le llevan a usar calcetines de distintos colores con un traje exclusivo: "Soy embajador de un modisto sueco muy cool, y él va así". Elegancia vampírica obliga.

Que vuelva aquel chupasangres.

Artículo de Juan Antonio Bayona

Siendo yo un niño de cinco o seis años, estaba un mediodía degustando un potaje de garbanzos con mi familia cuando en el telediario se coló Frank Langella interpretando al Conde Drácula. Su estampa en primer plano y boca abajo, pidiendo permiso para entrar al dormitorio de una de sus víctimas, me quitó el sueño hasta el punto de que pasaron varios meses en los que cada vez que me acercaba al baño no podía dejar de mirar la ventanita que tenía sobre el retrete, temeroso de que apareciera aquel vampiro y me solicitara pasar.

Tomando como base esta vieja convención del género -la necesidad del vampiro de pedir permiso antes de entrar en la estancia de sus víctimas-, Tomas Alfredson desarrolla la peripecia de Déjame entrar, una inmejorable pieza de terror que es a la vez una bellísima parábola del siempre duro tránsito de la infancia a la adolescencia.

No recuerdo desde Fucking Åmål, la ópera prima del también sueco Lukas Moodysson, un acercamiento tan sentido al fin de la inocencia. La fría Suecia se revela así como el entorno perfecto para enmarcar historias tocadas por la necesidad de cariño de sus protagonistas. Si hay un sentimiento que destaca por encima del miedo en estas dos películas -y créanme, en el caso de Déjame entrar hay mucho- es el de la tristeza del que se sabe diferente a los demás. Llama la atención que ambos retratos reivindiquen a sus protagonistas desde la anormalidad para reforzar la humanidad de unos personajes sobrados de afecto en un mundo cada vez más insensibilizado.

Déjame entrar viene a subrayar una vez más las bondades del vampiro ante la mediocridad de nuestra sociedad. Y la rutina con la que Hollywood ha tendido a tratar a los chupasangres en los últimos años es el perfecto reflejo de ésta. Lejos de la parafernalia y el virtuosismo, los protagonistas de Déjame entrar son seres cercanos. De ahí la fuerza con la que sus imágenes consiguen perdurar en nuestro subconsciente: las diminutas siluetas de los niños sobre el río helado, las ventanas encendidas de sus dormitorios, pared con pared, en el bloque de pisos donde conviven o el clímax en la piscina del colegio forman parte del mejor imaginario que ha parido el género.

Sin embargo, con Déjame entrar el cine de terror consigue avanzar sin dejar de echar el ojo a una herencia vampírica nacida e inmortalizada en las páginas y los fotogramas de la vieja Europa. Stoker, Le Fanu o Tolstói. O en el legado expresionista alemán y el colorido de los estudios Hammer... Y es que el cine de vampiros nació en Europa para pervertirse en Hollywood.

 

Y es desde Europa y las pocas salas donde se estrena el filme -o lo que es lo mismo, desde esa anormalidad tan pareja a la de sus protagonistas- de donde debemos reivindicar este bellísimo cuento de miedo del que deberíamos sentirnos orgullosos.

Bésame, monstruo.

Crítica de Jordi Costa

Es tan infrecuente una película como ésta que el crítico se siente obligado a contener toda propensión al ditirambo: un trabajo que coge uno de los arquetipos tradicionales de su género (el terror) para presentarlo bajo una luz inédita, con abrumadora originalidad tanto en el fondo como en las formas. Adaptación de la novela de John Ajvide Lindqvist, la película del sueco Tomas Alfredson es una historia de vampiros, tan romántica, sórdida, desesperada y arrebatadora como requiere el mito. También es una desaforada historia de amor entre niños monstruosos, en forma de cuento cruel y con textura de radical y ultra-congelado cine de insular radicalidad expresiva. Está más cerca de La hora del lobo (1968), de Ingmar Bergman, que de la reciente Crepúsculo, y, también, invita a reevaluar toda la poética del niño raro cultivada por Tim Burton: Alfredson sí se atreve a llegar a fondo del asunto y su celebración de la ternura del monstruo no excluye que lo significativo es que se está hablando, precisamente, de monstruos. O, por lo menos, de quienes la mayoría sanciona como tales.

En Déjame entrar, Oskar, un niño de doce años víctima de acoso escolar que recorta y pega sus sueños de violencia, conoce a Eli, la enigmática niña que acaba de mudarse al piso de al lado y que quizás hace doscientos años que tiene doce años. La historia de amor que nace entre estas dos soledades tiene más capas de las que soñaría el psicoanalista más infatigable. Alfredson logra enaltecerla mediante una película que no es sólo buena: es única e importante, perturbadora, bellísima y brutal.

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Se "estrena" (estas comillas... en los cines comerciales, sin ningún festival como excusa; Colón "descubrió" América... para los europeos) en España el 17 de abril. Fechas previstas por las distribuidoras, susceptibles de posibles cambios dicen en LaButaca.net.

 

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Guión y Dirección: Isabel de Ocampo
Música: Antonio Escobar
Fotografía: Álvaro Gutiérrez
Artistas: Sveta Zhukovska, Daniela Teneva, Fernando Valdivielso, Nikolai Chilov, Maya Petrova, Juliana Saiska.

El oficio más viejo del mundo, como veis, no es el de puta sino el de proxeneta y traficante de personas... leer más

El otro día vi en el cine esta peli de animación, basada en los cómics de la codirectora de la película, la iraní Marjane Satrapi.

Es además ella la protagonista de sus cómics, y por tanto del film.

La sinópsis, extraída (hoy no estoy inspirado) de la página web en español dice así... Persépolis es la conmovedora historia de una chica iraní desde la revolución islámica hasta ahora. La historia comienza cuando los fundamentalistas toman el poder forzando a las mujeres a llevar velo y encarcelando a miles de personas. Sin embargo ella es muy astuta y descubre el punk, ABBA y Iron Maiden mientras vive el terror de la persecución del nuevo gobierno y la guerra de Irán e Irak. Como adolescente la envían a Europa donde por fin puede comparar otras culturas con el fundamentalismo religioso del que escapó.

 

Para ver los subtítulos (en inglés) haz click en la imagen cuando se esté reproduciendo, y una vez en la página de youtube, click en el triángulo que hay en la parte inferior derecha de la centana del vídeo y elige la opción correspondiente.